¿Tenemos que guardar los huevos en la nevera?

Compramos los huevos en estanterías y luego los guardamos en la nevera ¿por qué?

Cuando hacemos la compra y vamos a por los huevos, vemos que éstos no se encuentran en ningún refrigerador. No obstante, no podemos evitar guardar los huevos en la nevera en cuanto llegamos a casa, pero ¿por qué?

Pensamos que tenemos interiorizado este sistema para conservar a los huevos y, cuando reflexionamos sobre ello, podemos llegar a pensar que lo que hacemos no tiene ningún sentido. Pero sí lo tiene, los huevos al llegar a casa deben conservarse en la nevera. Y te explicamos por qué.

Los huevos tiene una vida aproximada de cuatro días hasta que llegan a nuestra casa. Pasan alrededor de dos días hasta que llegan al supermercado y otros dos días hasta que finalmente alguien los compra. Durante ese periodo de tiempo al huevo no le ha dado tiempo a estropearse. Es cuando llegan a casa cuando deben almacenarse en la nevera para preservarlos en buenas condiciones durante más tiempo.

Hasta consumirse el último huevo pueden llegar a pasar hasta dos semanas desde que la gallina puso el huevo. Es por ello que lo idóneo es guardarlo en el refrigerador.

Además, los cambios de temperatura afectan drásticamente a los huevos. Si se enfrían en el supermercado, se calientan de camino a casa y se vuelven a enfriar, la calidad del huevo desciende. Al calentarse el huevo -del supermercado a casa- los líquidos se condensan en la superficie, dejando así pasar bacterias y estropeando el interior del huevo.

Es para que el huevo no se vea sometido a tantos cambios de temperatura por lo que no se refrigeran en el supermercado, pero debemos guardar los huevos en la nevera.

¿Cómo sabemos si un huevo está en buen estado?

El truco para saber si un huevo está en buen estado es muy sencillo. Simplemente hemos de llenar un bol de agua y sumergir el huevo en él. Si el huevo se mantiene en el fondo del recipiente es señal de que está en buen estado. Si por lo contrario flota, es señal de que ha caducado o está deteriorado.

El huevo que se mantenga en buen estado, además, deberá dispersar su clara de manera homogénea, señalando así que está fesco.

Consumir un huevo en mal estado puede provocar una intoxicación alimenticia grave. Los efectos son: dolor de estómago, náuseas, diarrea, escalofríos, vómitos e incluso fiebre. Los cambios de temperatura, incluso, pueden provocar salmonelosis.

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